Buscando partida...

Play that funky game, white Boy

Por

El jueves 16 de Junio, una de las bandas de metal más populares de los últimos años, Bullet For My Vallentine, se presentó por segunda vez en Santiago. En mi opinión, “Hand of Blood” es uno de sus mejores tracks, así que quise compartir el video en mi muro antes de partir al concierto (#alumbramiento). Imaginen mi sorpresa, al percatarme que los últimos 30 comentarios en la página de Youtube no pertenecían a metalheads o groupies, sino a gamers que pistearon como campeones en Need For Speed: Most Wanted (2005). Los videojuegos lo habían hecho otra vez.

Los videojuegos y la música están íntimamente ligados. No sólo los primeros requieren melodías para ser más atractivos, sino que ambos tienen un alto potencial de reminiscencia. Al igual que una canción nos puede evocar un lugar o recuerdo específico, un juegos nos puede transportar fácilmente, por ejemplo a nuestra infancia. Trabajando juntas, la interactividad del videojuego y la accesibilidad de la música, son capaces de crear una huella emocional, que trasciende la caducidad del hardware e inclusive las preferencias musicales.

Aun cuando los videojuegos estaban en pañales y los compositores sólo podían echar mano a un puñado de notas sintetizadas en 8 bits, existen melodías que han quedado grabadas en la memoria de generaciones. Títulos como Megaman 2 (1988) y Super Mario Bros. (1985) son claros ejemplos de este legado. Ya en los 90’s, fue el turno de la amplitud melódica del SNES, así como el inconfundible sonido trasher e industrial de la Genesis. Los ejemplos son muchos, pero todos tenemos melodías de esos años, que vuelven a nosotros en momentos inesperados.

Por ejemplo, cada vez que me zambullo en una piscina, “Aquatic Ambiance” – el tema compuesto por David Wise para el primer stage de agua en Donkey Kong Country (1994) – suena en mi cabeza.

11949619_10153583624169914_1346106568_n

Desde la quinta generación, los juegos en formato CD-ROM y la posibilidad de almacenar sonidos “reales” en ellos, han hecho posible que compositores como Jack Wall (Mass Effect) o Gustavo Santaolalla (The Last Of Us), creen scores que nada tienen que envidiar a las megas producciones de Hollywood. Pero más allá de la música hecha especialmente para ellos, desde entonces los videojuegos tienen el mérito de presentarnos canciones que, sin el proxy de un joystick en nuestras manos, probablemente jamás hubiésemos escuchado.

En mi caso, la primera joya musical que le debo a los videojuegos, fue un hermoso pase del FIFA 98. No soy fan del fútbol, pero por esos años, simplemente jugabas cualquier cosa que llegara a tus manos. Obviamente patear la pelotita pixelada me aburrió rápido, pero dentro de la banda sonora venía un corto, mas potente tema que no pude sacarme de la cabeza nunca más: “Song 2”, de Blur. En los días siguientes cargaba el juego sólo para escucharla y, tiempo después, se convertiría en el primer MP3 que descargué. Aun hoy, cada vez que escucho el mítico “Woooooh ooooooh!” de Damon Albarn, recuerdo la maratónica sesión para bajar ese archivo de sólo 1.44 MB, así como a los amigos, el colegio y que alguna vez tuve un juego de fútbol.

Otros títulos que recuerdo con mucho afecto por sus contribuciones musicales son Wipeout 2097 (1996), Twisted Metal III (1998), Street Sk8er 2 (2000) y Crazy Taxy (2001). Gracias a ellos, bandas como Deftones, The Offspring, The Prodigy o White Zombie, e inclusive otras más obscuras como 8Stop7, pasaron a ser parte de mi biblioteca musical. Quizás nunca más vuelva a jugar esos antiguos títulos de PSX, pero cada que escucho una de sus canciones, el recuerdo le hace frente al paso del tiempo.

Con todo, hay una IP que ha hecho más por mi oído que MTV, o cualquier radio y revista especializada: Grand Theft Auto. El trabajo de Rockstar, no sólo destaca por la cantidad y calidad de la música compilada, sino porque han logrado que cada canción sea parte de la narrativa, atmosfera e incluso del gameplay de cada uno de sus juegos. Es esta simbiosis entre música e interactividad, lo que a mi parecer, permite derribar aquellos prejuicios y fanáticas pero sordas lealtades, respecto a determinados géneros musicales. Por ejemplo, todos tenemos ese amigo que, a pesar de ser un acérrimo metalero, no puede evitar patrullar los angostos callejones de Los Santos en un low rider y con Ice Cube de fondo. Cuando jugamos, hacemos nuestro aquello que experimentamos y, del mismo modo, todo lo que escuchamos.

A juegos como GTA les debo buena parte de lo que ahora conozco de R&B, Soul, así como de Funk de los 60’s y 70’s: Booker T, George McCrae, The JB’s, George Clinton, son sólo algunos de los “imperdibles” que hubiese pasado por alto, de no haber tenido una palanca de juegos en mis manos. Por ello ¡Gracias videojuegos! Gracias por el buen rato, incentivar mis manías y quitarme (algo) lo white boy… Como diría James Brown: “TAKE IT TO THE BRIDGE!!!”

5022 Visitas

ColumnaSin categoría
Compartir
Sitio desarrollado por Diego Orellana G.