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ODIO LO DIGITAL

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Así de corta. No paso los juegos digitales,  el streaming, Spotify, iTunes y en general todo lo que involucre DRM (Gestión Digital de Derechos) o algo que nos haga dependientes de una conexión a Internet y la buena voluntad de las corporaciones que nos rentan sus servicios. Me apestan.

No nos engañemos, lo que estamos experimentando – luego de ya casi tres días de apagón de la PSN y la Xbox Live – no tiene nada que ver con cuál de las consolas es mejor. Tampoco es un problema del cual la autodenominada “Master Race” (¡Oh, que falacia!) esté exenta, porque bastaría que un hacker decidiera ir por Steam, para que todo su Valhalla se les viniese abajo. No, no se trata de las plataformas, sino de un modelo de entrega asimétrico que pasivamente hemos comenzado a validar.

Descarguemos un juego; Dragon Age: Inquisition desde Origin, por ejemplo. Pese a no tener empaque, no requerir almacenamiento y entrega, la diferencia de precio en relación a la copia física es marginal:  40 USD, en lugar de 60 USD. Realmente no hay mucha diferencia y aun si estimas que 20 dólares es  suficiente ahorro, piensa en los costes que tendrá para ti, el “adquirir” el juego por esta vía: una descarga de 26 GB (con juegos como GTA V bordeando los 50 GB) que puede transformarse en varias horas de espera, la imposibilidad de vender el juego una vez que lo hayas terminado o en caso de que te aburra, además de no poder “coleccionarlo”, ya que ¿Quién querría coleccionar un puñado de ceros y unos?

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Por razones como éstas, creo la distribución digital beneficia (más) a los publishers  y no a los consumidores, y ellos inteligentemente nos han tratado de convencer de los aparentes beneficios de la purga de la distribución física y tradicional; Ahorro (¿De espacio en nuestros muebles?), rapidez, comodidad y disponibilidad… ¿De verdad? Dificulto que un jugador que lleva tres días sin poder acceder a su copia digital de The Last Of Us, vuelva a caer por el prostituido discurso de la comodidad.

Con el apagón que estamos experimentando,  me he terminado de convencer que en este mundo de consumo digital, simplemente no poseemos nada;  somos meros arrendatarios de contenidos multimedia, sujetos a la disponibilidad, políticas de privacidad y  buena voluntad de compañías que están forzando cambios en los consumidores, sin siquiera estar ellas mismas preparadas para ellos. Efectivamente, si dos de las compañías más grandes del mundo en lo que respecta a videojuegos, ni siquiera pueden asegurar el acceso offline a aquellos títulos por los cuales sus clientes ya pagaron, algo anda mal con su servicio… Muy mal. Y hey ¡No nos olvidemos que esto ya ha pasado antes!.

¿Qué pasó con eso días en los que uno podía rentar un juego y así saber si merecía ser comprado o si simplemente era diversión para un fin de semana? ¿Qué fue de esos tiempos en los que podías llevarte tu consola a la playa o a la casa de tus abuelos, sin preocuparte de parches o actualizaciones? ¿Cuándo nos preguntaron si queríamos que los manuales de nuestros juegos  se transformasen en unos PDF sin gracia? ¿A qué grupo de iluminados se les ocurrió que la retrocompatibilidad era el mismísimo demonio?

Vivimos y jugamos en tiempos donde un grupo de hackers pueden agarrar por las gónadas a dos de las compañías más importantes del mundo, arrastrando con ellos a millones de usuarios que sólo quieren descansar y pasar un buen rato. Eventualmente el apagón terminará y las compensaciones llegarán – irónicamente en forma de juegos y descuentos digitales – pero créanme, no estoy  – ni estaré –  contento.

lizard

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